La historia reciente del agronegocio brasileño muestra cómo la tecnología ha sido decisiva para transformar el campo y la producción de proteína animal. Desde el uso de herramientas básicas para el manejo hasta la aplicación de biotecnología, inteligencia artificial y soluciones de nutrición de precisión, la evolución tecnológica ha ampliado no solo la productividad, sino también la seguridad de los alimentos que llegan a la mesa del consumidor.
Este avance también está relacionado con la transformación del perfil del productor rural. Según Lilian Maluf, analista de marketing de la división de Salud y Nutrición Animal de Kemin, el campo está más conectado y abierto a la innovación: "El productor rural brasileño está cada vez más atento a los datos técnicos que respaldan su toma de decisiones. Ya hemos observado una transición generacional, con perfiles más jóvenes en el campo, impulsada por la sucesión familiar, que aporta una mentalidad digital sin dejar de lado la experiencia práctica de los productores más tradicionales", explica.
Entre las herramientas más presentes hoy en día en la rutina del campo, destacan los drones para el monitoreo de cultivos, la pulverización de precisión e incluso el seguimiento de rebaños. También forman parte del día a día los sensores, los programas de gestión y las soluciones con inteligencia artificial, que aumentan la previsibilidad del manejo.
"En el caso de Kemin, destacamos las tecnologías relacionadas con la conservación de granos y los aditivos para la salud y nutrición animal, que garantizan la eficiencia y la seguridad de los alimentos", añade Lilian.
En este contexto, es importante diferenciar dos conceptos complementarios. La seguridad alimentaria se refiere al acceso de la población a alimentos en cantidad suficiente para una nutrición adecuada. La seguridad alimentaria, por su parte, se refiere a la calidad sanitaria, al control de contaminantes y a la garantía de que el producto consumido no presenta riesgos para la salud. Ambas van de la mano: mientras que una garantiza la disponibilidad, la otra garantiza la fiabilidad.
El acceso a la información, a su vez, acompaña esta transformación. Los productores más jóvenes dan prioridad al uso del teléfono móvil, las redes sociales y las plataformas digitales, mientras que los más experimentados siguen apoyándose en la radio, los periódicos impresos y las reuniones presenciales. "Lo interesante es que hoy en día vemos una complementariedad: la tradición y la innovación caminando juntas", observa Lilian.
Para ella, el papel de Kemin en este proceso es traducir la ciencia en soluciones prácticas.
"Nuestro objetivo es descubrir y aplicar tecnologías de vanguardia que aporten rentabilidad y productividad a los productores, sin perder de vista la responsabilidad de suministrar alimentos seguros y de calidad a la población. Esto incluye asistencia técnica e información fiable que acerque los conocimientos científicos a la realidad del campo", subraya.
Este compromiso con la innovación se traduce en más de 500 ingredientes patentados en todo el mundo, orientados a la salud humana y animal, la nutrición y la calidad de los alimentos. En Brasil, las iniciativas tienen un impacto directo en la cadena de producción, fortaleciendo la competitividad del país en el mercado internacional y contribuyendo a que la población tenga acceso a alimentos seguros.
"La ciencia nos muestra que la tecnología es el vínculo entre el campo y la mesa. Invertir en soluciones que mejoren la vida de los productores es, al mismo tiempo, invertir en la salud y la seguridad de la sociedad", concluye Lilian.
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